Heidelberg (Parte 2) La ciudad que cuenta historia en sus calles y en los libros

Heidelberg fue mencionada ya por Goethe e hizo referencia a la belleza de los jardines siendo estos fuente de inspiración y deleite para él. Más adelante, Mark Twain no solo decidió vivir en Heidelberg sino que fue la ciudad que lo ayudo a salir de un bloqueo y lo inspiró a escribir varias obras al punto de que Heidelberg es mencionada en varias de ellas e inclusive, hoy día se puede adquirir una «Guia de Heidelberg tras los pasos de Mark Twain».

Hoy vamos a descubrir los callejones y edificios que conquistaron a estas mentes brillantes y continúan conquistando los corazones de todo aquel que la visita.

La ciudad de Heidelberg es una de las ciudades alemanas más emblemáticas y esto se debe a que los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial no la afectaron y por ello se puede apreciar hasta hoy la arquitectura original de la ciudad. Entre ellos, edificios antiguos que datan de la Edad Media así como tabernas de más de 300 años de antigüedad.

Al llegar a la estación de trenes e iniciar el camino al centro de la parte antigua de la ciudad ya nos recibe este enorme umbral antiguo que nos da una idea de las estructuras y la antigüedad de la ciudad. Atravesando el mismo nos internamos en callejones angostos con casas tradicionalmente alemanas y un silencio y tranquilidad que nos promete una hermosa jornada.

A los lados de la calles vemos las casas que forman parte de la «decoración» de la ciudad. Una ciudad que empieza mostrar su lado romántico quedando todo enmarcado por los bosques que la rodean.

El antiguo Palacio Weimar fue construido en el siglo 18 para el General de Freudenberg-Mariotte. Mas adelante propiedad del príncipe de Sachsen-Weimar y actualmente sede del Museo de Etnología.

A la izquierda se puede ver en la altura la silueta del Castillo de Heidelberg. Todos los callejones a la izquierda nos dirigen la mirada al castillo que «supervisa» todo desde arriba.

Enamorada de los callejones no puedo evitar las fotos. Creo que cualquier historia o cuento de hadas es posible en uno de estos. Especialmente cuando son poco transitados y los edificios tan coloridos.

Llegando a la primera plaza desde la estación de tren ya se ve el castillo en todo su esplendor. En Junio y Julio existen unas noches especiales donde se recuerdan las tres veces que el castillo fue incendiado y para ello, a la noche, se celebra con una explosión maravillosa de fuegos artificiales.

En Alemania no es común ver fuegos artificiales por motivos legales, por ello cuando tiene permiso de lucirse, les aseguro que lo hacen. El castillo es inicialmente iluminado y por ello se denomina al evento Schlossbeleuchtung que significa Iluminación del Castillo. Un evento esperado por todos los habitantes y para el cual muchos turistas visitan la ciudad.

Esta estatua de Madonna en la plaza Kornmarkt recuerda los tiempos donde el conde Carl Theodor repartió tantas estatuas católicas como pudo por el territorio que le correspondía queriendo revertir el protestantismo y llevando esto a que varios habitantes de Heidelberg se mudasen prefiriendo ir a vivir a otro lugar antes que ser católicos. Fue en Heidelberg, en el viejo convento agustino, donde Martin Lutero expuso sus tesis protestantes.

Esta plaza y la anterior son los lugares donde se celebran los mercados navideños siendo uno de los pocos que cierran sus tiendas pasado el año nuevo. En esta ocasión fui el 6 de enero y el 5 había sido el ultimo día del mercado, de allí el desorden y la gente haciendo limpieza.

La iglesia del Espíritu Santo es el punto central de la ciudad. Alrededor de ella se encuentran las tiendas de souvenirs y los cafes más tradicionales. También el antiguo ayuntamiento y el hoy, centro de asistencia al turista. También se puede subir al campanario para tener una vista panorámica de la ciudad.

Heiliggeistkirche es el nombre en alemán de la iglesia y su particularidad es que a través de los años paso por distintas manos. Edificada en 1399 inicialmente católica, más adelante luego del protestantismo y las peleas religiosas la iglesia construye una muralla dentro que la dividía a la mitad perteneciendo una mitad a la iglesia católica y la otra a la protestante. Más adelante se vendió su totalidad a la iglesia protestante y mantiene esa condición hasta hoy. Desde la fachada de entrada poco se puede apreciar debido al angosto pasillo en el que se encuentra pero desde allí se puede observar el Hotel Ritter.

Ritter es Caballero en alemán. Este hotel fue construido en 1592 y en la fachada está la imagen de un caballero y de ahí el nombre. Desde 1705 es un restaurant pero anteriormente era una residencia. Definitivamente uno de los edificios más llamativos del casco antiguo.

Continuamos caminando por la calle principal, la cual se jacta de ser una de las peatonales más largas de Alemania, se puede visitar todo tipo de tiendas, desde las más tradicionales hasta la de marcas más renombradas. Varias tiendas de artículos navideños, algunas tan grandes que se las podría llamar de pequeños museos. No es difícil encontrar relojes Cu-Cus y todo lo necesario para llevar un pedacito de Alemania en las valijas.

Así como podemos ver del lado izquierdo el Castillo de Heidelberg, del lado derecho nos lleva directamente al río Neckar y por detrás se alza el cerro Heiligenberg o en español Monte Sacro o Sagrado, muy poco visitado por los turistas pero con una historia super interesante. Allí se encuentra un antiguo anfiteatro nazi y ruinas que datan de la época de los celtas además del paseo de los filósofos y mucho más, pero esto visitaremos en otro post, por ahora continuamos recorriendo las calles de Heidelberg.

Schneeballenträume que significa Sueños de Bola de Nieve y es una especialidad de la zona de Baden-Wurttemberg y Bavaria. Hecha de una especie de masa dura con relleno a elección y bañada en distintas cobertura es una de las preferidas por los turistas especialmente en temporada navideña.

El Museo Universitario de la ciudad no tuve la oportunidad de visitar pero a modo de información se encuentra dentro del casco antiguo.

Si nos fijamos en las cajas rojas dentro de la vidriera estas pertenecen al chocolate que se llama EL BESO DEL ESTUDIANTE. Este chocolate tuvo origen cientos de años atrás, donde en uno de los cafes, el dueño habiendo observado la dificultad que había para que un hombre muestre interés en una mujer que había llamado su atención en el cafe, invento este chocolate. Si este chocolate llegaba a tu mesa significaba que alguien lo había enviado y ese alguien estaba interesado.

Caminando y mirando vidrieras se pasa facilmente el tiempo y sin darse cuenta pasaron ya más de 2 horas.

Al llegar al final de la zona peatonal decidí dirigirme de nuevo al centro pero esta vez por una de las callecitas paralelas y esto es lo que ví…

Caminando llegué al edificio de la Biblioteca Universitaria de Heidelberg.

El edificio de la Biblioteca Universitaria nos recuerda que en Heidelberg se encuentra la universidad más antigua de Alemania y número 28 en relación al resto del mundo.

La existencia de la universidad hace de esta ciudad una mezcla interesante de ciudad turística/universitaria.

La gran cantidad de jóvenes estudiantes que viven en la ciudad hace que una gran cantidad de bicicletas «estacionadas» formen indefectiblemente parte del paisaje.

Esta iglesia es la Iglesia Jesuíta que alberga también al Museo del Arte Sacro y es una edificación de estilo barroco completamente diferente al estilo gótico de la iglesia del Espiritu Santo que se encuentra a no más de 200metros de distancia.

El museo contiene obras del siglo entre XVII y XIX pero la iglesia fue edificada en el siglo XVIII.

Caminando un poco más llegamos de nuevo al punto central de la ciudad y de allí nos dirigimos al río para conocer el famosísimo «Puente Viejo de Heidelberg».

Este edificio es el antiguo ayuntamiento o Rathaus y actual oficina de asistencia al Turista.

Llegamos así al umbral que nos lleva al puente antiguo Carl Theodor. Esta dos torres son símbolo de la ciudad y se encuentran en todas las postales y souvenirs relacionados a Heidelberg.

Carl Theodor era el conde del Palatinado y duque de Bavaria, pidió la construcción de este puente sobre el río Neckar que hoy une el casco antiguo con la ciudad en la otra orilla. Existen hoy 9 puentes pero ninguno gana en reconocimiento como el Puente Viejo o Alte Brücke hoy símbolo indiscutible de Heidelberg con las características piedras de arenisca roja.

Al costado se reconoce una figura de bronce, más conocida como Der Brückenaffe que significa El Mono del Puente.

Esta escultura es obra del Profesor Gernot Rumpf y ya fue instalada en 1979. El mono es una especie de casco donde se puede meter la cabeza por debajo. Se dice que en dibujos que datan del siglo 15 del puente ya se puede ver la existencia de un mono en el mismo lugar pero que fue destruido luego de la guerra del Palatinado. Aquel mono también sostenía un espejo pero este se encontraba parrado con un brazo apoyado en la espalda.

El mono, con ratones incluidos, era una obra que recordaba a los habitantes que ni los que vivian antes o después del puente eran mejores ni peores unos que otros. Hoy, se dice que tocar los dedos del mono te asegura un regreso a la ciudad, tocar el espejo: riqueza y tocar a los ratones es bueno para la fertilidad.

Este poema es de 1632 escrito por Martin Zeiller donde se menciona al mono y que hoy acompaña a la obra. Dice mas o menos «que me ves? Acaso no conoces al viejo mono de Heidelberg? Porque no miras a tu alrededor y encontraras muchos más como yo.»

La primera columna del puente contiene un registro de las fechas de inundaciones luego de la crecida del río y en los años mencionados una marca que nos muestra a donde llegó el agua.

La más alta es la del 27 de febrero de 1784.

Goethe solia decir que cruzando el Viejo Puente sobre el Neckar tenía la vista más hermosa que había conocido. Hoy puedo decir que estoy de acuerdo con Goethe y con todos aquellos que inmortalizaron a Heidelberg en sus novelas y poemas. Heidelberg es la amalgama perfecta de historia, fantasia, leyenda y conocimiento que se puede encontrar en Alemania. Una mezcla llena de vida y que nos hace pensar en el presente y en el pasado y nos permite fantasear viajando a tiempos remotos donde todo lo que vemos existía y al mismo tiempo, todo era diferente.

Por ultimo, mencionamos que Heidelberg es también conocida por ser la capital mundial de impresoras industriales. En los correos y periódicos hay muchas de las impresoras marca Heidelberg, por ello, en la entrada a la ciudad podemos ver una escultura interesante.

Este caballo inaugurado en el 2000 se encuentra frente a la Acdemia de Impresiones, y es una mezcla de los tres procesos de impresión emulando a la figura de Pegasus. Se combina ademas la velocidad del caballo con la mitología lo cual evoca a la inspiración y el arte. El proceso se inicia en la cabeza y como vemos, al final: un cuadrado que simboliza a un libro. Esta escultura es obra de Jürgen Goertz y se llama S – Printing – Horse.

Con esta vista desde el puente me despido, hasta el proximo post, donde vamos a conocer el Castillo de Heildelberg por dentro! Hasta el proximo Lunes!

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